







De ahí después de un "largo" "viaje" llegamos a la Sidrería, en un pueblo cercano a San Sebastián llamado Astiagarraga o algo así. Las sidrerias (Sagardotegia en vasco) són unos restaurantes muy especializados. Se caracterizan por tener grandes botas de Sidra, de las que uno se sirve a uno mismo: se abre el grifo y con el vaso a más de un metro de distancia se sirve la sidra a la vez que es escanciada.
Otra cosa que descubro es que la sidra vasca me gusta. (No como la asturiana que no la soporto). Es que hay sidras y sidras.
En la sidrería, hay unos entrantes de bacalao: Tortilla de Bacalao, y Bacalao en Salsa, dos platos bastante estándares como entrantes en las sidrerías en general.
Después cuando, ya empiezas a estar lleno te traen unos chuletones enormes. De los que comes mientras tienes hambre. Y puedes pedir más. Mientras tienes hambre.
Y mientras vas comiendo y te vas hinchando a un ritmo prudencialmente lento, te vas levantando para llenar de sidra tu vaso. Una y otra vez.
Y para acabar, y para desempalagar, justo antes de ir hacia la marcha, unas nueces con queso. Un postre fantástico para una comida casi excesiva.
Y en esto, en el restaurante, NOJ y su pareja, Kimel y una televisiva amiga suya, MRN, Xantito, Henrich y yo.
Vaya tropa!
Y por ahí, al lado de las botas de sidra unos jóvenes que andaban por ahí se pusieron a tocar sus instrumentos tradicionales y típicos.
Al final, una noche muy divertida!
De esas que te dejan con sabor de poco. Pensando: quiero más!
:D
Que grandes momentos que se pueden vivir.
Después fuimos de fiesta por la zona de la Concha y del Casco Viejo...
Hasta que aguantamos. Y luego a la cama. Al dia siguiente, una fantástica y muy divertida comida en casa de Xantito con (casi) toda su família. Que gente más agradable y entrañable. Qué muestra de hospitalidad y de paciencia (conmigo hay que tener mucha siempre)!
Sólo tengo palabras de agradecimiento hacia todos ellos. Y con dos de ellos deshicimos el camino de vuelta MRN y yo, hasta llegar de nuevo a Madrid, a la vida real, a una cotidianedad que a veces nos empuja a buscar salir del sentimiento de soledad por caminos poco efectivos.
Mirando atrás a viajes como este, veo que en el fondo, a pesar de mi soledad, es una soledad en muy buena compañía.
Aunque soledad al fin y al cabo.
Por desgracia el domingo no nos acompañó el tiempo, que fue nublado y lluvioso. Pero eso no nos impidió disfrutar de aquel viaje.
Mis CD volvieron a sonar en el coche y quedó la sensación de brevedad excesiva.
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